sábado, 25 de septiembre de 2010
sábado, 11 de septiembre de 2010
INFORME BANGLA.
Miguel Zamorano residió en Melilla durante casi dos años. Vino buscando un trabajo que finalmente no encontró, pero no se marchó con las maletas vacías.
Fuertemente impactado por la situación de los inmigrantes residentes en el CETI y de los menores tutelados por la Ciudad Autónoma realizó una frenética acción asistencial, humanitaria y reivindicativa en un intento de mejorar la situación de los mismos.
Él y su pareja se dedicaron además a recoger informaciones y redactar un extenso informe sobre el origen, recorrido y situación de nuestros amigos Banglas en Melilla.
Miguel se marchó de Melilla con la pena de no seguir en la lucha diaria que mantenía en la ciudad pero también con un montón de amigos, sensaciones y experiencias inolvidables.
El destino ha querido que Miguel y su pareja se encuentren de nuevo con los amigos Banglas en la ciudad donde residen actualmente: Barcelona.
El presente informe es un resumen del Informe que redactaron en su día y está actualizado desde la rabia y el dolor que produce ver el desprecio y la crueldad que sufren nuestros amigos Banglas.
Se puede ver el informe completo en:
http://fronterasurmelilladocumentos.blogspot.com/2010/09/informe-bangla-de-jesus-zamorano-galan.html
"....La siguiente es la historia real de un amigo, una historia que puede extrapolarse como paradigma de una realidad que día a día mina la ilusión y la inocencia de muchos jóvenes que nos desengañamos del “mundo justo” en el que nos hacen creer que vivimos desde la más tierna infancia………
Agotada toda opción de viajar de manera legal, tras meses de papeleos y mucho tiempo, ilusión y energía depositados en ello, Sail no flaquea, su ilusión se ha convertido en un sueño que ha sido alimentado noche a noche, día a día…..
En medio del desierto, les dicen que se bajen del todoterreno, que van a ir a buscar agua, comida y gasolina.
Tardan tres largos y calurosos días en llegar. Se les ha acabado el agua contaminada por gasolina. Están desesperados, algunos beben su propia orina...."
Editorial del diario Melilla Hoy del 10-09-2010


Ausencia
Melilla siente desde el martes la ausencia de los casi 50 inmigrantes de Bangladesh que han formado parte de esta ciudad en los últimos cinco años. Ese día, de madrugada, los siempre amables bengalíes fueron detenidos y llevados a los calabozos de comisaría para, desde allí, trasladarlos a declarar ante el juez. Ayer, cuando ni la ciudad se había despertado, fueron metidos en dos aviones rumbo a Barcelona.
Es como si el Gobierno se avergonzara de cómo ha actuado con estos inmigrantes, cuyo único “delito” ha sido recorrer miles de kilómetros para llegar clandestinamente a Melilla en busca de un futuro mejor. Ni siquiera imaginaban que estarían cinco años sin poder salir de la diminuta ciudad autónoma porque el Gobierno Zapatero era incapaz de llegar a un acuerdo con Bangladesh para que éste reconociera a sus compatriotas y permitiera su repatriación. Ahora, cinco años después y casi de estrangis, España ha firmado ese convenio, no se sabe a cambio de qué o de cuánto. Se abre así la puerta de salida para los queridos bengalíes, ciudadanos ejemplares que se han sabido ganar el cariño de los melillenses por su honestidad y carácter tranquilo, nada conflictivo como suele ocurrir con inmigrantes de otras nacionalidades.
Imbroda decía ayer que el Gobierno ha sido “cruel” e “inhumano” por no tener piedad con estos inmigrantes. Después de tenerlos retenidos cinco años por su incompetencia diplomática, el Gobierno que se autodenomina social da la patada a este medio centenar de inmigrantes, después de haber alimentado sus esperanzas diciéndoles que se estudiaría cada caso de manera individualizada. Así los disuadió de la larga huelga de hambre frente a la Delegación del Gobierno en plena campaña electoral hace dos años y medio. El ahora delegado, entonces candidato socialista trabajador del CETI, se fue a pegar carteles a la Plaza de las Culturas en vez de a la Plaza de España para evitar encontrarse con la triste realidad de los inmigrantes.
Eso sí, no dudó en ir a hacerse la foto con ellos meses más tarde, el Primero de Mayo de 2009, en el acto oficial de UGT, cuyo público estaba formado mayoritariamente precisamente por los inmigrantes bengalíes. Allí, como se ve en la imagen de este Editorial, Gregorio Escobar habló con los banglas, a los que seguramente repetiría eso de que sus casos se estaban estudiando uno a uno. También se hizo su respectiva foto con los inmigrantes el presidente de CpM, Mustafa Aberchán, cuyo partido aún no se ha pronunciado sobre la expulsión de los inmigrantes.
Es ahora cuando más se nota la ausencia de los bengalíes, y también de aquellas organizaciones que en su día se beneficiaron del apoyo de estos humildes inmigrantes. Ayer fue especialmente significativa la ausencia de UGT o CCOO, sindicatos que no hace mucho colocaron los petos y las banderolas a los inmigrantes para abultar en sus manifestaciones y concentraciones. También llamó la atención la ausencia de otras ONG cuya existencia radica, precisamente, en ayudar a los inmigrantes. Un gesto que denota la dejadez, la injusticia o la hipocresía de algunos que con su ausencia, dan la razón a un Gobierno socialista satisfecho por haberse quitado al fin de encima el marrón que tenían con nuestros amigos de Bangladesh.
viernes, 10 de septiembre de 2010
Los Banglas encerrados en el CIE (Cárcel) de Barcelona

Artículo de: EL MUNDO
INMIGRACIÓN | Cinco años en el 'limbo'
Melilla recuerda a los bengalíes, recluidos ya en el CIE de Barcelona
Paqui Sánchez | Melilla
Actualizado jueves 09/09/2010 21:47 horas
Como cada jueves, la Plaza Menéndez Pelayo esperaba por la tarde la cita semanal con los inmigrantes de Bangladesh. Desde hacía más de un año, se concentraban los más de 60 que formaban la comunidad bengalí para denunciar que llevaban más de cinco años retenidos en Melilla, con una orden de expulsión de España por haber entrado de forma irregular, y sin poder regresar a su país de origen por no ser reconocidos por su propio gobierno. Es lo que ellos llamaban el 'limbo jurídico', que el pasado martes se rompió repentinamente cuando un furgón policial entró en el CETI para detenerlos y llevarlos al calabozo de la Jefatura Superior de Policía.
Este jueves por la mañana, después de que todos declararan ante el juez, subieron a un avión rumbo a Barcelona, donde ya han sido recluidos en un Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE). Paradojas de la vida, ya se encuentran en la Península, como ellos querían, pero encerrados y con todas las papeletas para regresar a Bangladesh, gracias al acuerdo que este país ha firmado con el Gobierno español.
Representantes de Prodein y APDH, además de otras organizaciones que siempre han acompañado a estos inmigrantes en sus iniciativas, decidieron relevarlos y concentrarse con sus cartones y pancartas en la misma plaza de siempre. El objetivo, además de protestar por la detención y expulsión de los 47 bengalíes, era sustituir a los diez o quince compatriotas suyos que se han quedado en Melilla y están escondidos, temerosos de ser detenidos en cualquier momento.
Si hubieran acudido a la concentración, probablemente habrían caído también, dadas las medidas de seguridad que había adoptado la Delegación del Gobierno en las inmediaciones de la Plaza Menéndez Pelayo. "¿En qué país vivimos? Esto lo vivimos en tiempos de Franco, pero no es normal en los tiempos que corren", se quejaba amargamente José Palazón, responsable de Prodein.
La concentración, aunque pequeña en cuanto a asistencia, sí fue muy representativa de la idiosincrasia melillense, poco dada a las protestas e iniciativas de este tipo. "No habrán podido venir", apuntó Palazón, señalando hacia UGT y CCOO, sindicatos de clase que han podido salvar sus últimas huelgas y concentraciones del Primero de Mayo colocando los petos y las banderitas a los bengalíes.
Palazón se mostró esperanzado de que los 'bangla', si llegan a agotar el plazo de 60 días en el CIE, puedan quedar libres y obtener el permiso de residencia gracias a la documentación que han acumulado en estos cinco años en Melilla. "Con una cuarta parte de los documentos que llevan, lo obtendrían automáticamente estando en España. En Melilla, evidentemente no", se quejó amargamente en una clara crítica a la Delegación del Gobierno en Melilla.
Mientras llega el momento de saber si se quedarán finalmente en España o serán expulsados, muchos son los que en la ciudad se siguen acordando de los bengalíes. Su presidente, Juan José Imbroda, consideró "cruel e inhumano" el comportamiento del Gobierno hacia este colectivo de inmigrantes, encerrados ya en el CIE de Barcelona.
jueves, 5 de noviembre de 2009
ARTÍCULO DE FENNA BUSMANN PUBLICADO EN LA UNIVERSIDAD DE HAMBURGO.
„Sie fangen wieder damit an, Kinder abzuschieben.
Gestern haben sie drei Jungen zwischen 11 und 13 nachts aufgegabelt und über die Grenze nach Marokko gebracht.“
Wo sind wir denn hier, denke ich mir als ich diese Nachricht empfange.
Wir sind in Melilla, eine Stadt, die an der Mittelmeerküste Marokkos liegt und seit 1497 politisch zu Spanien gehört. Eine Enklave. Auf verschiedenen Tourismusseiten wird Melilla „Das Tor Afrikas“ genannt. Ca. 69.000 Menschen leben hier, die Stadt ist 12 km2 groß und umgeben von einem 12 km langen Zaun. Dieser misst sechs Meter und ist umwickelt mit Nato-Draht. Gehe ich auf „meiner“ Seite des Zauns entlang, so sehe ich auf der anderen Seite Marokko.
Sehe ich den Unterschied zwischen Europa und Afrika? Zunächst fallen mir nur die Unterschiede an Uniformen und Waffen der marokkanischen Soldaten gegenüber der spanischen Guardia Civil auf: Alle 50 m steht ein Marokkaner, wedelt mit seinem Maschinengewehr oder einem Schlagstock, der an der Spitze mit Stacheln versehen ist. Auf „meiner“ Seite patroulliert die Guardia Civil in glänzenden Geländewagen am Zaun auf und ab, ausgestattet mit Waffen, wie wir sie von der Polizei kennen.
Nur drei Meter voneinander entfernt ist der Auftrag der Spanier und der Marokkaner der gleiche: Schütze den Zaun. Er muss seine Funktion erfüllen.
Klartext: Lass die Menschen, die aus Ländern südlich der Sahara kommen und die sich hier in den Wäldern des Berges Gourougu (gleich im Rücken der marokkanischen Soldaten) versteckt halten, nicht passieren, lass sie nicht nach Europa vordringen, genauso wenig wie die Marokkaner, die dies versuchen könnten.
Das verstehe ich nicht. Warum sichern die Marokkaner diesen Zaun? Diesen Zaun, der doch mit seinem Stacheldraht, seiner Höhe und der dadurch vermittelten Aggressivität so sehr ein Sinnbild der Politik Brüssels bietet und ihre eigenen Leute benachteiligt.
„Sie werden bezahlt.“
Ich erfahre, dass die EU in diesem Jahr beschlossen hat, Marokko 67.625.000 € für den „Luttre contre les migrations illégales“ (Kampf gegen die illegale Migration) zu zahlen.
Es ist ganz einfach.
Nachdem das marokkanische Militär den europäischen Auftrag unterstützt, ist es fast unmöglich, mit nur einem gebrochenen Bein (vom Aufprall auf spanischem Boden aus sechs Metern Höhe) den Zaun zu überqueren. Ein Migrant muss nun Schlagstock, Gewehrkugeln und Gummigeschosse fürchten, wenn er nach Europa einreisen möchte. Geschossen wird durchaus häufiger als es die Behörden im Nachhinein zugeben und die Bewohner Melillas berichten aus Zeiten, in denen nachts Maschinengewehrsalven vom Zaun her ertönten. Das war 2005. 2006. Manchmal auch heute noch.
Eine andere Möglichkeit in die Stadt zu gelangen, ist es, sich im Laderaum eines Lastwagens zu verstecken und zu hoffen, unentdeckt über die Grenze zu kommen. Hiervon wird die Mehrheit der Migranten durch hochtechnische Sensoren abgehalten, die anzeigen, wie viele Herzen in dem jeweiligen Wagen schlagen.
Alle Erwachsenen, die es nach Melilla schaffen, müssen sich bei der Polizei melden und dann auf einen Platz im staatlichen Auffanglager CETI hoffen. Von dort stellen sie einen Asylantrag und dann warten sie. Normalerweise gilt in Spanien die Regel, dass man lediglich 45 Tage in einem Asylbewerberheim festgehalten werden darf. Danach ist man frei zu gehen, wohin man möchte.
Auch hier im spanischen Afrika gilt dies. Aber es ist dennoch anders. Wo soll man auch hin? Hinten Marokko, von dort ist man gekommen, vorne das Mittelmeer. Una cárcel con un patio grande. Ein Gefängnis mit großem Garten.
Der dritte Weg führt übers Meer. Meist wird er von Kindern gewählt. Sie schwimmen.
Sie erzählen mir, dass es ca. eine Stunde dauert, über diesen Weg zu kommen. Wenn ich sie frage, ob das nicht gefährlich ist, antworten die Jungs häufig „Nöö, das geht schon, das hab ich schon öfter gemacht.“
Kinder unter 18 darf man nicht abschieben, da sind sich die Mitgliedsstaaten der EU einig. Wieso müssen sie dann öfter schwimmen, wenn sie nicht abgeschoben werden dürfen?
Das oben auszugsweise aufgeführte Gespräch beschert mir auch hierüber Klarheit: So selbstverständlich dieses Abschiebeverbot auch zu sein scheint. Es ist es nicht. Nicht hier.
Hier werden Kinder nachts auf der Straße nach ihrer Dokumentation gefragt. Normal. Die tragen sie bei sich, mit Geburtsdatum und Angabe über ihren Wohnort. Vorbildlich. Sie wohnen im staatlichen Kinderheim. Unter diesen Umständen ebenfalls normal. Doch was dann passiert, ist rechtswidrig: Die Beamten lassen die Kinder in ihren Dienstwagen steigen und fahren los, durch die schlafende Stadt. Nach höchstens 10 Minuten dürfen die Kinder wieder aussteigen und die Beamten drehen ihnen den Rücken und fahren zurück nach Spanien. Normal, würden einige vielleicht auch dazu sagen.
Aber keiner sieht´s.
Die meisten der Bewohner des staatlichen Kinderheims ziehen jedoch auf dem normalen Wege aus: Am 18.Geburtstag werden sie auf die Straße gesetzt. Ohne Bleibe, ohne Geld, ohne Aufenthaltsgenehmigung.
Drei Monate haben sie dann Zeit, um eine neue Aufenthaltserlaubnis zu beantragen.
Der Berg von Papierkram, den es einzureichen gilt, wächst von Behördengang zu Behördengang. Jedes Mal, wenn ein marokkanisches Kind mit den von ihm verlangten Unterlagen und neuer Hoffnung an den Tresen der „Oficina de extranjería“ tritt, wird ihm mit Abneigung in den Augen und ohne die Bereitschaft, auch nur ein kleines wenig langsamer zu sprechen, auferlegt, ein erneutes Papier einzureichen – selbst wenn dies für die Bearbeitung des Falles mehr als irrelevant ist. Sogar die frühere Aufenthaltserlaubnis aus den Tagen, in denen das Kind auch auf Papier noch Kind war, wird häufig verlangt. Und das nur, um dann Monate später, am Ende des Bearbeitungsprozesses, eben diese alte Genehmigung sehen zu wollen mit dem Hinweis, dass ohne Vorlegen der alten auch die neue nicht ausgestellt werden kann.
So scheitern monatelange Behördengänge, zu denen sich ein marokkanisches Waisenkind erstmal allein durchringen und für die es die nötigen Verwaltungsgebühren auftreiben muss, in letzter Minute – und das meist zu Unrecht.
Die, die hier nach ihrem Auszug aus dem Kinderheim in Felshöhlen am Meer oder auf der Straße leben, träumen von einem besseren Leben, von einer Zukunft. Dafür lassen sie alles zurück. Ihr Zuhause, ihre Familien, ihre Sprache. Und die, die tatsächlich eine Aufenthaltsgenehmigung erlangen, verlassen Melilla mit dem großen Boot, das sie auf das europäische Festland bringt.
Normalerweise kehren sie nach einigen Jahren zurück. Zurück nach hause. Zurück durch „das Tor Afrikas“, das sich nur zur einen Seite hin öffnen lässt.
Fenna es estudiante de Derecho y cooperante de PRODEIN




